"Uno no nace policía, sino que se va haciendo"
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Luis Cho nació en Buenos Aires, pero las andanzas de la vida lo llevaron a mudarse lejos de la capital. Debido a su trabajo dentro de la Policía Federal, vive actualmente en San Juan, luego de un paso previo por Córdoba. De visita por la gran ciudad para “descansar y agarrar fuerzas”, luego de haber terminado una gran investigación, Luis se sienta en la oficina y comienza a hacer un repaso de sus 22 años de carrera dentro de las fuerzas de seguridad, que incluye tiroteos y trabajos en algunas de las comisarías más difíciles de capital.
-¿Por qué decidiste ser policía después de haber hecho el servicio militar obligatorio?
-Porque mis padres me impulsaron para que ingrese en la Escuela de Cadetes. Había salido una convocatoria para hijos de coreanos para ingresar en la policía. Entonces fui a averiguar, hice un examen y quedé entre las 250 personas que ingresan, aunque hay unos dos mil aspirantes por año. De la colectividad fuimos tres hijos de coreanos, y en la actualidad soy el único que quedó. Anteriormente, había hecho la ‘colimba’ porque la gente que nació en 1975 fue la última que tuvo que hacer el servicio militar obligatorio. Entonces la hice durante un año y dos meses.
-En tu familia no había ningún antecedente de policías. ¿Cómo te convencieron?
-Mi papá me dio esa opción. Además, había un gran apoyo por parte de la comunidad coreana. De todas formas, uno no nace policía, sino que se va haciendo y va amando su oficio. La vocación se construye durante la escuela, durante el trabajo, por una cuestión que estás invirtiendo muchas horas de trabajo y de aprendizaje en la policía. Entonces lo terminás queriendo. Por ejemplo, el primer día que salís de la escuela, te ponés el arma en la cintura y lo sentís incómodo, no sabés qué hacer. Hoy es parte mía. Si no estoy con mi pistola, un poco la extraño. En definitiva, después terminás amando lo que tanto sufrió en la escuela. Sin embargo, no todo es color rosa y lindo. Trabajar en la calle como policía es duro, le afecta psicológicamente las cosas que ves porque se lleva muchas sorpresas. Mi trabajo no es cotidiano a comparación de una persona normal. Si yo tengo un hecho de homicidio, la primera vez te impresiona, pero es hasta que te adaptás a eso.
-Durante tu formación en la escuela de policías, ¿sentiste en algún momento situaciones de exclusión o marginación?
-Sí, al principio la carrera fue todo muy raro. Durante los tres años sufrimos mucho lo que es discriminación, creería que por la cara. Pero si se tiene pasión por lo que hacés y se apunta al objetivo y no en el qué dirán, el día a día se puede llevar adelante.
-Luego de tus tres años de formación como policía, ¿en qué comisarías de Buenos Aires trabajaste?
-En la ciudad estuve en las peores comisarías. Mi primer destino fue la Comisaría 7°, que está en Once y es la que, tuvieron a cargo el desalojo de los manteros de Avenida Pueyrredón. Ahí estuve en la parte de investigaciones. Después estuve en la Comisaría 38° en Flores (NdeR: es la comisaría en la que, el 25 de diciembre, ingresaron vecinos del barrio para reclamar por más seguridad, luego de la muerte de un chico de 14 años en medio de un intento de asalto), pero me tocó la parte de patrullero e incluso estuve en un tiroteo, del cual salí ileso. Y luego me fui a la Comisaría 11°, en Parque Centenario. Una ventaja de empezar en este tipo de lugares es que yo, policialmente aprendí muchísimo, porque al ingresar en un lugar en donde siempre pasa algo, le perdí el miedo a todo. Yo en la guardia llegaba a tener 45 personas, y eran todos casos difíciles, como robos o violaciones.
-¿Cómo fueron las situaciones de los tiroteos?
-Uno de los tiroteos fue estando en situación de civil, a raíz de un robo. Pero el más impactante fue el que tuve en la zona del barrio Rivadavia, que fueron dos personas que tratamos de detenerlos y comenzaron a disparar. Logramos la detención de uno y le secuestramos el arma, que resultó ser de un policía aparentemente muerto.
-Después de estar en la Comisaría 11° te fuiste a Río Cuarto, Córdoba. ¿Por qué?
-Luego de los dos tiroteos, y para bajar un poco los decibeles, pedí el traslado. En Río Cuarto entré directamente en la parte operativa, pero la idea mía era calmarme yo y trabajar un poco más tranquilo, y resulta que no fue así porque estaba todo el día en la calle. Al final estuve cuatro años ahí, y después pedí el traslado por los mismos motivos. Ahí recalé en San Juan, donde estoy hace más de nueve años. Actualmente soy Principal, que cumple el cargo de tercer jefe de la dependencia, y es el encargado de toda la parte de investigación en delitos federales y complejos con especificación en drogas.
-Respecto a la actividad criminal en la provincia, ¿es más tranquilo que Río Cuarto o Buenos Aires?
-Es mucha, y a nivel nacional cada vez crece más por una cuestión que en este momento se está haciendo un ataque muy grande sobre el narcotráfico, cosa que antes se repudiaba o se detenía al que se estaba drogando, pero no al que vendía droga. Hoy, la política ataca más al narcotráfico, y por ende estamos más abocados a la parte grande. En el mes de diciembre culminamos con una investigación muy grande en San Juan, que se llamó ‘Operación Pastel de Chancho’, y se incautaron 60 kilos de marihuana, una banda muy importante, e incluso en los diarios de San Juan salió. Así que dentro de todo estoy haciendo bien las cosas. Es una cuestión de pasión: si no metés pasión en tu trabajo, no vas a descubrir nada.
-Frente a los casos de corrupción dentro de la Policía Federal, ¿a qué creés que se debe eso?
-El tema de la corrupción yo siempre lo esquivé porque está en el policía que lo acepte o no. Sinceramente, ni siquiera quiero opinar si hay superiores u otros policías que están en la corrupción, porque si están detenidos es porque tuvieron pruebas o lo hicieron. Yo en realidad, entendí, en mi caso, que trabajando en la calle o investigación, no tengo ninguna clase de problema. Me duermo tranquilo, puedo hacer mi vida sin que me pase nada.
-Este año, se dio a conocer en San Juan que dos aspirantes a policía estaban internados en estado grave debido a ejercicios físicos que habían realizado. ¿No es contraproducente que en la escuela de policía se sufra tanto?
-Yo creo que desde ahí nace la vocación. Todo punto extremo es malo, pero noto que los chicos vienen cada vez más débiles. Corrieron una carrera y ya están vomitando. Y eso es parte del entrenamiento que la policía no está recibiendo correctamente. Yo pienso de manera totalmente contraria a lo que hoy están haciendo. Están haciéndolos estudiar y no mantienen los códigos, que en mi época de estudiante eran muchos. En la actualidad se ha perdido esa presión. Y eso es malo, porque si yo te hago sufrir durante los años de estudiante, el día que venga cualquier persona y te insulte no vas a tener de repente un arranque violento, amenazando con matar. El policía, una vez que fue tan maltratado, ya asume la tranquilidad de la situación. Pero hoy no creo que eso pase.
-Por último, ¿qué mensaje le darías a los jóvenes coreanos de la colectividad?
-Yo estoy preocupado por la situación de la droga, porque está avanzando en todos los niveles económicos y edades. No sé hasta qué punto se puede hacer un control, pero eso cuando ataque va a ser difícil, por lo que mi mensaje es que eviten la droga. Para hoy, a los jóvenes lo que más le conviene es estudiar y tratar incluirse en la sociedad argentina, porque en mi época era toda una sociedad aparte y con un vínculo totalmente cerrado, pero era debido al idioma y la discriminación. Si bien es cierto que la discriminación hoy sigue, yo creo que ya es hora que se empiecen a mezclarse y abrirse en la sociedad y ser parte de ella.
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